Injertos Óseos – Hidroxiapatita Sintética

Los primeros relatos sobre injertos óseos exitosos datan del siglo pasado, cuando Walker (1820), apud Shena(85), trasplantó hueso autógeno (tejido perteneciente al propio individuo) en el hombre. A comienzo del siglo XX el trasplante óseo obtuvo grande popularidad en la medicina, con éxito cuestionable. La Segunda Grande Guerra estimuló el interés por injertos autógenos (el donador es el propio receptor), alógenos (de donador de la misma especie) y xenógenos (donador de especie diferente de la del receptor) (23). Desde la publicación de los primeros éxitos con injertos óseos alógenos en humanos, a fines de la década de 60 (31), errores y aciertos ocurrieron en la selección de biomateriales, en las técnicas de cirugía y rehabilitación protética, en el análisis mecánico de problemas y materiales, y en la terapia periodontal. En los últimos 10 años, amplia documentación científica ha sido divulgada sobre implantes clínicos experimentales en la Odontología y Ortopedia. Nuevos materiales han sido desarrollados y probados bajo innumerables y complejas formas (3, 14, 22). Entre ellos podemos citar: dura mater, cartílago, dentina, hueso, liofilizado o no, y biomateriales a base de fosfato de calcio.

Entre los sustitutos óseos son utilizados los corales marinos de las familias Poritidae y Goniopora que, por reacciones hidro-térmicas con fosfato de amonio bibásico, son convertidos en hidroxiapatita (36, 55). Sin embargo, la hidroxiapatita de origen natural presenta limitaciones, como: pequeña variación en la cantidad, en el tamaño y en la forma del producto, en relación al exoesqueleto del coral original, siendo el material producido de baja resistencia mecánica (70). Ya la hidroxiapatita obtenida por la reacción entre reactivos inorgánicos, puede ser preparada por diferentes métodos y ha dado buenos resultados, no presentando los obstáculos característicos de la hidroxiapatita natural. (23,54).

Injertos autógenos son ampliamente utilizados para reparación de fracturas con pérdida de tejido óseo, reconstrucción tras retirada de tumores óseos invasivos, o para acelerar la reconstitución de huesos fracturados, en casos especiales. La ventaja obvia de injertos autógenos en cirugía de reconstrucción ortopédica, está en el hecho de la matriz injertada ser no inmunogénica. Entre las desventajas (82) se puede mencionar: complicaciones en el lugar donador (12), disponibilidad limitada de tejido, incapacidad para sustituir una superficie articular (79), métodos de almacenaje temporario no satisfactorios (79).

Injertos alógenos y xenógenos presentan varias dificultades, entre las cuales rechazo, riesgo de fuerte reacción antigénica, de transmisión de enfermedades infecciosas, y exigencia de adecuación entre donador y receptor del tejido óseo. Los problemas con injertos biológicos han estimulado el interés en el potencial de materiales sintéticos y bio-inertes, como sustituyentes del injerto óseo. Investigaciones han buscado la obtención de biomateriales que satisfagan los requisitos biomecánicos para un implante, siendo, al mismo tiempo, compatibles con el medio bioquímico / celular circundante. Debido a la semejanza de composición química entre la hidroxiapatita sintética y los huesos y dientes de los vertebrados, ha sido el principal material investigado como biomaterial destinado al implante óseo (14, 74). Cuando colocada en contacto con el hueso, actúa inicialmente como una prótesis y, en seguida, como un soporte para la regeneración de los tejidos. Hidroxiapatitas obtenidas por diferentes métodos han sido evaluadas en animales y humanos (23, 54). En todos los casos documentados, este material ha demostrado presentar un alto grado de bio-compatibilidad con los tejidos duro y blando.

Hidroxiapatita es indicada para recuperación de pérdidas óseas, en general, deformidades óseas, llenado de alvéolos tras extracción, regularización de reborde alveolar, como protector pulpar directo, y otras aplicaciones clínicas en la medicina humana y veterinaria (incluso cirugía de corrección estética y funcional) y en la odontología.

La hidroxiapatita obtenida por JHS – registrada como HAP-91® – es del tipo absorbible, lo que significa que, implantada en un defecto óseo, da lugar a la formación del tejido óseo nuevo, favoreciendo el apoyo nutricional dentro de sus poros y produciendo una continuidad con el hueso alrededor. La evaluación histológica revela que el hueso desarrollado dentro del implante posee aspecto normal, en todos los sentidos.

La intensa asociación con los Departamentos de Ortopedia de las Escuelas de Veterinaria de la UFMG y de la UFV , desde el inicio de los trabajos de investigación, en 1990, han dado oportunidad a JHS, no solo de comprobar el buen desempeño de la HAP-91® en la recuperación de defectos óseos, como de desarrollar modificaciones de granulación, textura y combinación con otros materiales biológicos, atendiendo demanda de problemas específicos presentados por investigadores de las áreas ortopédica, neuroquirúrgica, odontológica, buco-maxilo-facial y otras.

(Texto extraído de la disertación de Maestrazgo de Ángela Leao Andrade (UFMG) – Encontrado también en nuestro libro sobre la HAP-91)